Fueron tres días de descubrimiento profundo, de emoción viva, de abrir puertas que ni sabía que aún existían. Lloré, reí y, sobre todo, liberé el alma, rodeado de un grupo humano que hizo del proceso un espacio seguro, generoso y verdaderamente transformador.
Gracias, de corazón, a cada persona que formó parte de este viaje. Gracias por la complicidad, por el apoyo y por recordarme por qué amo este oficio